¡Como duele amar a alguien que no se quiere dejar amar!
¡Como cuesta querer ayudar a alguien que no quiere que le ayuden!
¡Cuan difícil es amar de verdad y tratar de amar cuando hemos sido traicionados y/o dañados!
A veces queremos “ayudar “ a Dios, tratando de hacer entender a un ser amado que está caminando mal por la vida haciéndole ver que su trayecto de vida puede ser diferente con tan sólo bajar su orgullo y su terquedad.
La biblia nos dice que debemos amar al prójimo. Punto .Tajante, no nos da opciones.
El mandamiento es amar:
1) Mandado por Dios: 1 Juan 4:21
El que ama a Dios, ame también a su hermano.
2) Mandado por Jesús como segundo mandamiento:
Mateo 22:39. Amarás a tu prójimo como a ti mismo.
3) Mandado por los apóstoles: Gálatas 5:14.
Y muchos versículos podría seguir poniendo que nos dirán siempre lo mismo: Ama a tu prójimo como a ti mismo. Pero la pregunta del millón de dólares sería: ¿Amamos de verdad como Dios nos manda, como El nos enseñó, como El quiere?
La esposa amando al esposo que la traicionó.
La hermana amando al hermano que la trató tan mal durante la niñez.
La niña amando al papá que nunca fue cariñoso con ella mientras crecía.
Y peor aún, la joven amando al sujeto que abusó de ella.
Me estoy refiriendo al amor puro, sin mancha. A hacerlo de corazón. A arrancar de adentro lo que nos está matando lentamente y que no nos permite lograr el perdón.
¡Pero como cuesta lograrlo!
Empero si lo logramos nuestra alma se sana. Nuestra vida cobra otro matiz y sentimos el alivio de vivir en paz.
Pero la pregunta sería: ¿Cómo lo logro? ¿Lo puedo lograr?
¡Claro que si! ¡Podemos hacerlo!
Solamente sometiéndonos a Dios, sumisos, en oración, con una actitud de humildad, aceptando que Dios nos cambie y no anteponiendo nuestro orgullo, nuestro dolor. Debemos acudir a El. El es el psicólogo por excelencia. El es el consejero divino. No está en el cielo, está junto a ti, junto a mí. No es inalcanzable, es sumamente accesible.
Hablando con El como si habláramos con alguna persona. Contándole todo tal y como es. A El le gusta que hablemos con El de persona a persona. No lo podemos ver porque somos humanos y el ser humano no tolera ver lo espiritual porque se moriría, pero El nos escucha. Habla con El, cuéntale todo como lo sientes, dile la verdad. A El no lo podemos engañar porque El conoce los corazones hasta lo profundo de su ser, Salmo 44:21. Y lo mejor es que le podemos contar las cosas sin vergüenza alguna porque El no se burla de lo que decimos.
¡Es real! El es Dios un Dios de amor que envió a su Hijo Jesucristo para salvarnos, para darse por entero y ayudarnos a amar. Juan 3:16.
El es el vivo ejemplo de lo que hablo. Aún cuando lo azotaron, lo escupieron, lo vapulearon y lo crucificaron, nunca profesó palabras de odio, de rencor o de condenación.
Y si, me dirás que El era Dios y que por eso lo pudo hacer, te diré que El lo hizo primero para darnos su poder, su fortaleza y que El ya lo hizo por nosotros.
Verás como poco a poco tu dolor se disipará, tu rencor se desvanecerá y te darás cuenta que de repente has perdonado y amas a la persona que te hizo daño. Y aún cuando eso no significa que tienes que tener una relación humana con esa persona, verás que tu alma estará lista para irse al cielo con Jesús tu Salvador, porque lo que Dios manda es Amar al prójimo como a ti mismo para poder ser salvos porque Dios es amor y sin amor al prójimo como a ti mismo es imposible entrar en el Reino de los Cielos.
Debemos recordar también que somos humanos y que muchas veces hemos hecho cosas que han dañado a otros y esos otros no nos quieren. También hemos cometido errores y Dios es el único quien tiene poder de decidir perdonar o no a quien El quiera. No nos corresponde a nosotros jugar a ser Dios y más bien debemos amar a todo ser humano por mandato de El y para sanidad de nuestra alma.
Así es que con la ayuda de Dios, doblemos rodillas y pidamos amor, mucho amor por la humanidad, mucho amor por el que hace daño y sobre todo, mucho amor por el que no puedo amar, a fin de que seamos salvos en su amor y su misericordia.
¡Animo! Se que lo lograrás. Esfuérzate y se valiente que Dios te ayudará. Josué 1.
¡Dios te bendiga siempre y haga resplandecer su rostro sobre ti!
Y si tienes alguna petición, no dudes en dejarla escrita en ésta página, que te aseguramos oraremos por ti.
Dios tenga misericordia de nosotros y nos bendiga.
Haga resplandecer su rostro sobre nosotros.
Salmo 67:1
Amén